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TODOS VUELVEN
Eba say ajá
Wednesday
Jul232014

Sobre la inmigración ilegal y las fronteras.

La aproximación a las discusiones generadas por asuntos como el de la inmigración ilegal son generalmente emocionales y no racionales. Eso impide que las situaciones puedan ser objetivamente expuestas, analizadas y apreciadas.

Por ejemplo, el problema de la inmigración ilegal preocupa a todos los países del mundo y se produce en todas las fronteras. No está circunscrito a la frontera, por ejemplo, entre México y los Estados Unidos. En Panamá, la población se queja de los que vienen del sur "a quitarle trabajo a la gente". En Costa Rica se quejan de las personas de países vecinos que "entran ilegalmente y hacen que aumente la criminalidad" en suelo tico. Y en Ucrania, Turquía, India, Uganda, etc.

Empecemos por aceptar el hecho de que cada país tiene el derecho de producir y de aplicar leyes regulando la manera de entrar y de salir de su territorio nacional. Es una potestad soberana del Estado y es algo que cada población demanda de su respectivo gobierno. Por ejemplo, yo no puedo ingresar a México a trabajar, sin antes haber obtenido una visa de trabajo. Sin ese documento no puedo cantar, o presentarme como artista en México y esperar remuneración por mi trabajo.

Hasta donde tengo entendido, la frontera de México con Guatemala no está abierta indiscriminadamente, esto es, nadie puede entrar a vivir, o a trabajar en la tierra azteca sin visas que así lo establezcan. Entonces, si México reclama y aplica su derecho soberano y defiende sus fronteras estableciendo los requisitos requeridos para ingresar al país, ¿por qué razón espera el mundo que Estados Unidos no haga lo mismo con respecto a su territorio? Los ciudadanos de Estados Unidos reclaman lo mismo que los pueblos de Latinoamérica: protejan nuestros trabajos, garantías sociales y nuestra seguridad y exigen una inmigración regulada, para que no se afecte su calidad de vida. 

Al encarar estos temas debemos entonces, como primer paso, tratar de entender el problema, su génesis y su historia, al igual que debemos prestar atención a la posición defendida por el que discute el punto contrario al nuestro. Comprender al interlocutor nos permitirá captar mejor el argumento y mejorará el nuestro. Esta preocupación de los gringos no es exclusiva, por eso, racionalmente puedo comprenderla. Pero existen aspectos que se obvian y se niegan, por la existencia en Estados Unidos de estereotipos culturales negativos  que han sido atribuidos especialmente contra nosotros, los latinoamericanos: uno de ellos es la creencia de que todos los que emigramos lo hacemos con placer, como una primera opción personal. Eso no es cierto. Muchos hubiésemos preferido no tener que salir de nuestros países.

Atender este punto ayuda a explicar la dificultad que existe en lograr que los latinoamericanos nos asimilemos a la cultura norteamericana. Normalmente no renunciamos a nuestra cultura originaria, porque en el fondo todos esperamos algún día regresar a nuestros países de origen, a diferencia de italianos, ingleses, polacos, irlandeses y demás miembros de las etnias que, a principios del siglo 19 y durante el siglo 20, quemaron sus naves y opciones y decidieron vivir y morir en otras tierras.

El tema de la migración al Norte es complejo. Pero hay gente que simplemente defiende solo aquello que les interesa, desconociendo el interior del problema, limitando su observación a la superficie del mismo. Como indiqué antes, el tema de la inmigración posee una carga emocional pues muchos de nosotros viajamos fuera de nuestros países motivados por circunstancias que deseamos nunca hubiesen existido. Muchas de estas razones, sobre todo en Centro América, son consecuencia directa de los disparates, errores, abusos y pésimo cálculo exhibido por la política exterior de los Estados Unidos, durante la década de los setenta y ochenta que resulto en la emergencia de dictaduras militares o de gobiernos civiles corruptos. Soy un ejemplo de esas consecuencias. Mi familia se vio en la necesidad de salir de Panamá en 1973, cuando mi padre fue falsamente acusado de estar envuelto en una conspiración contra la entonces dictadura militar. La acusación fue hecha creo que en 1972 por el Teniente Coronel Manuel Antonio Noriega, un militar en la planilla de la C.I.A., hecho que en aquel entonces no era de conocimiento público. Cuando me recibí como Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá en 1974, preferí viajar a Estados Unidos a reunirme con mi familia en la Florida que permanecer en Panamá y tratar de ser abogado bajo una dictadura. La decisión fue dolorosa y me produjo mucha ansiedad. Fue una transición emocionalmente difícil, adaptarme al nuevo ambiente y ser testigo de las dificultades que enfrentaba mi familia. Salir de Panamá no fue una decisión fácil. Fue un acto obligado por la necesidad.

La presente crisis desencadenada por la llegada de niños centroamericanos sin la documentación necesaria para su ingreso legal fue precedida por el reciente escándalo de las deportaciones hechas por el gobierno de los Estados Unidos, que al presente continúan, de personas, jóvenes muchos de ellos, cuyo delito fue crecer sin documentos en un país a donde fueron llevados cuando eran apenas criaturas. Me parece que en ambos casos, es una injusticia moral castigar a un niño por el error, o por la falta cometida por sus padres. Más incomprensible es que muchos de esos niños, convertidos hoy en adolescentes o adultos, han probado su capacidad para contribuir a la sociedad de la que forman parte, y aún así continúan siendo rechazados por el gobierno de los Estados Unidos alegando que son ilegales. Un segmento de la población norteamericana tiene la percepción de que los que venimos de Latinoamérica lo hacemos con el propósito de vivir a expensas de sus impuestos.  

Desde que llegué a los Estados Unidos he dividido mi tiempo entre Nueva York y California. En esos cuarenta años NUNCA he sido abordado por mexicanos pidiéndome dinero en las calles. Tampoco se me ha aproximado un colombiano, peruano, ecuatoriano o dominicano para mendigar. Sin embargo, si me lo han solicitado blancos y afro-norteamericanos. La única vez que un mexicano se me acercó en la calle a pedirme algo fue para preguntarme si tenía un trabajo que ofrecerle. Esto nunca me ha ocurrido con blancos o afro-norteamericanos.

Nosotros no venimos al Norte a mendigar.  Venimos en busca de oportunidades y cuando las encontramos en muchos casos se producen abusos que soportamos porque necesitamos trabajar para obtener lo necesario conque cumplir con nuestras obligaciones y ayudar a nuestras familias, dentro y fuera de Estados Unidos. Ese es nuestro orgullo. Así nos criaron y así somos, la mayoría.

Los hijos de inmigrantes ilegales que hoy carecen de la documentación necesaria para permanecer en los Estados Unidos, que no son mendigos, hablan inglés, tienen trabajo, poseen aspiraciones y solicitan oportunidades para contribuir a la sociedad igual que cualquier otro hijo de norteamericano, que no poseen conexión con la tierra de sus padres por no haberla conocido, que no sabrían como integrarse a los países de origen de sus padres, si son devueltos a un lugar solo definido por la nostalgia de sus progenitores. Estas personas deben ser legalizadas. NO MERECEN SER DEPORTADOS.

Los niños que están ingresando a Estados Unidos sin documentos desde Centro América, están siendo enviados por sus padres para escapar escenarios que han sido propiciados directa o indirectamente por los errores en la aplicación de la política exterior de Estados Unidos. La guerra de los Contras, estimulada y financiada por Ronald Reagan y la Derecha de Estados Unidos, no solo trajo caos a Nicaragua: también produjo miles de muertos en El Salvador, Honduras y Guatemala y desestabilizo a toda la región. El apoyo norteamericano a los gobiernos genocidas de esos países, a las juntas militares que masacraron a incontables civiles y figuras religiosas, lo hace responsable en principio por las consecuencias actuales de los abusos de sus otrora aliados. 

La atmósfera de violencia en Centro América ha obligado a muchos padres a preferir enviar a sus hijos ilegalmente, en un viaje lleno de peligros, y de la mano de gente extraña, que hacerlos permanecer en un lugar donde no conciben la posibilidad de futuro para ellos. ¿Tiene usted idea del grado de la desesperación necesario para que una madre decida dejar partir a un pedazo de su vida bajo la incertidumbre que plantea el dejárselo encargado a un "coyote"? 

Los niños que están llegando de Centro América, aunque no sean cubanos, deben ser recibidos, tratados con decencia y su permanencia en suelo norteamericano debería ser permitida, siempre y cuando tengan parientes, o personas establecidas en territorio de Estados Unidos, dispuestas y en capacidad de encargarse de ellos.

Adicionalmente, las medidas necesarias deben identificarse, discutirse y aplicarse para enfrentar y vencer las causas que producen estos éxodos. Si las condiciones fuesen distintas, la enorme mayoría de la gente preferiría permanecer en sus países. Se requiere que nuestros pueblos adquieran la madurez política necesaria para evitar continuar siendo gobernados por la incertidumbre, la mediocridad, o el miedo. Y es también necesario que Estados Unidos se abstenga de dar su visto bueno a gobiernos anti-populares, a cambio de apoyos políticos que favorezcan a sus percibidos intereses en la zona.

Rubén Blades

20 de Julio, 2014 

 

Tuesday
Jul222014

Sobre lo que esta ocurriendo en el Medio Oriente.

El reciente asesinato, no cabe otro adjetivo, de cuatro niños árabes en una playa publica, a consecuencia de acciones del ejercito israelí, o por la acción de individuos que apoyan a Israel, merece la condena enérgica de todos los que respetamos el derecho a la vida de los seres humanos. Este ejemplo de la crueldad que exhibe la política de reacción indiscriminada, auspiciada por los sectores mas extremistas en el estado de Israel, no puede ser excusado o justificado bajo el argumento de que es la respuesta al extremismo de grupos armados árabes, como el de Hamas.  

Quede claro: apoyo el derecho de Israel a existir. Entiendo y comparto la genuina preocupación de Israel por defender la integridad de su pueblo y la del territorio que le ha sido asignado como Estado, sobre todo después de conocer la historia de los judíos exterminados por el odio genocida de la Alemania Nazi, actitud compartida por sus aliados árabes en el medio Oriente durante la Segunda Guerra Mundial. Pero estos argumentos no justifican la utilización de violencia indiscriminada contra la población civil árabe.

El dolor del pueblo árabe es tan legítimo como lo es el derecho de Israel a existir.

La violencia contra la población civil, árabe o israelí, es inexcusable. Esperamos que el gobierno de los Estados Unidos actúe con la misma decisión con la que ha condenado y denunciado la violencia en otros países, como Venezuela, Ucrania, y Rusia. Su alianza estratégica con Israel no debe convencerlo a guardar silencio. Al juzgar lo que es malo, debe hacerse por parejo con todos.

El ataque indiscriminado hacia la población civil árabe no puede ser excusado, ni ignorado. Por otro lado, tampoco puede ser excusada la conducta de grupos como Hamas, cuyas acciones parecieran encaminadas precisamente a provocar un escalamiento del conflicto y no el tipo de entendimiento que pudiese producir un estado común de intereses.

Lo que el momento exige es el intentar encontrar una mejor propuesta y para eso necesitamos la participación del amor, no del odio, para crear la respuesta.

Rubén Blades 

18 de julio, 2014 

Monday
Jul212014

Acerca de un artículo de opinión publicado en el Diario La Prensa de Panamá sobre la posible creación de un Ministerio de Turismo 

En el diario "La Prensa", del 18 de Julio del 2014, aparece un articulo de opinión con el título de “Un Ministerio de Turismo” firmado por el señor Claudio Atencio. El Sr. Atencio aparentemente trabajo en la Autoridad de Turismo bajo la administración de Salo Shamah como "promotor turístico". 

El argumento central del artículo parece ser la propuesta de creación de un Ministerio de Turismo, como ruta más conveniente hacia el desarrollo pleno de la actividad turística en nuestro país. Considero que hay algunas inexactitudes en sus planteamientos, que merecen una aclaración.

El señor Atencio afirma que ¨…Rubén Blades le cambio el nombre a la institución por Autoridad de Turismo (ATP), con el supuesto objetivo de mejorar estructura operativa y de funcionamiento. Sin embargo, no ha sido así. En la recién pasada administración se desmejoro el presupuesto de la institución".  Solamente una persona que no conoce a fondo la historia del desarrollo de la actividad turística en Panamá, puede asegurar que durante nuestra participación al frente del IPAT original y luego como administrador de la nueva Autoridad de Turismo de Panamá, no se hayan registrado alzas históricas en el número de visitantes y en los ingresos al PIB. 

El objetivo de mejorar la estructura operativa y de funcionamiento de la entidad regente del turismo no fue solamente “supuesta”, como él afirma en su nota. La estructura operativa de la institución no solo mejoró y funcionó mas eficientemente: también hizo posible mantener el crecimiento del turismo en Panamá hacia el futuro, como efectivamente continuó ocurriendo bajo la pasada administración. "En la pasada administración el presupuesto de la institución desmejoro", afirma el Sr. Atencio. Me parece que los números generales de la actividad turística continúan siendo positivos. No se que información posee el Sr. Atencio para afirmar que ese "desmejoramiento" efectivamente ocurrió y que tal supuesto hecho provoco un perjuicio a la actividad turística en Panamá. No dudo que Atencio haya “laborado durante casi 15 años en el sector turismo” y que eso le “brinda un poco de experiencia para esbozar ideas”, pero no creo que el camino más acertado para validar sus propuestas sea invalidar lo que se ha hecho antes por el turismo.

Yo no "le cambie el nombre" al IPAT Sr. Atencio. No fue un capricho, ni un acto unilateral de mi parte. Fue producto de consultas y de un análisis que buscaba entre otras cosas brindar un perfil mas serio a la institución. El cambio fue incluido dentro del marco de la creación de la primera Ley de Turismo de nuestro país y fue discutido y aprobado por nuestra Junta Directiva, integrada por gente muy responsable del sector, entre los que estaban representantes de importantes empresas que durante años han invertido y contribuido al desarrollo del turismo nacional.

El Sr. Atencio indica que "...creemos pertinente que la ATP se transforme también en Ministerio, lo que ampliaría la cobertura y atención a los visitantes y el apoyo a los empresarios y grupos de interés ligados a la actividad turística". La presente estructura, ATP, puede producir los mismos efectos que dice anhelar el Sr. Atencio, o el grupo que el parece representar, sin tener que crear un Ministerio. En nuestro país existe el mito de que los ministerios resuelven todos los problemas del sector. Eso no es cierto, Lo que resuelve los problemas es la voluntad de hacer. La Autoridad de Turismo de Panamá tenía, a mi salida, un organigrama reflejando el empleo de unas 211 personas a nivel nacional, cada funcionario y funcionaria con tareas debidamente definidas y con los perfiles necesarios establecidos para justificar sus nombramientos. Teníamos todo coordinado para el ingreso del personal de la ATP a la Carrera Administrativa y evitar así la inseguridad profesional que plantea cada cambio de gobierno, garantizando la continuidad del exitoso funcionamiento de la institución. Desafortunadamente, el gobierno que acaba de salir decidió no activar la carrera administrativa y el asunto quedó en suspenso.  

Las soluciones a las falencias del turismo nacional, que conozco perfectamente, igual que todos los actores serios del sector, en especial la carencia de recurso humano formado, no la va a resolver un ministerio. Eliminar a la ATP y crear un Ministerio de Turismo no sólo me parece un argumento débil, me parece un error colosal. Con eso solo se logrará más burocracia. Las entidades públicas deben tener la importancia y pujanza que tiene el sector pertinente en la economía y en el desarrollo humano. Lo demás es mito.

El Sr. Atencio agrega que "Un experto internacional en Turismo dijo que la palabra autoridad es sinónimo de coerción, por lo tanto no parece el término mas adecuado para el nombre de una entidad que representa la cara de la alegría y el buen trato a los visitantes..." Me hubiera gustado que mencionara el nombre del "experto" que dijo semejante disparate. "Autoridad" no es sinónimo de coerción, Sr. Atencio. La Autoridad del Canal no es un símbolo de coerción marítima. El término autoridad, del griego “auctoritas” define a un líder legítimo, a alguien que tiene prestigio por su conocimiento en determinada materia. Había que ver si el "experto" citado por el señor Atencio tiene la autoridad suficiente en el tema. Independientemente de ello, el argumento del nombre me parece totalmente impertinente (falto de pertinencia). 

El Sr. Atencio indica que “En Panamá, el talón de Aquiles es el presupuesto". No me parece cierto eso. Nuestro problema esta compuesto por diversos factores: la ausencia de infraestructura turística a nivel nacional, la necesidad de personal mejor capacitado para atender a los turistas, la falta de imaginación en cuanto a la creación de ofertas turísticas competitivas, ausencia de apoyo estatal en forma de créditos y de capacitación de negocios al pequeño y mediano empresario turístico, sobre todo en nuestro Interior. Todos estos puntos ya están contemplados en El Plan Maestro de Turismo a 20 años que dejamos establecido durante nuestro periodo al frente de la ATP. Todo lo que hay que hacer ya está definido, los argumentos esbozados y el plan de acción identificado. Lo que hace falta es la voluntad de hacer. Un Ministerio no va a resolver mágicamente las deficiencias del sector. Será la planificación turística y las ofertas y servicios del sector privado las que determinarán el éxito; un Ministerio no va a premiar con una interminable línea de compradores a negocios turísticos si estos no merecen ser visitados. Lo que si me resulta casi seguro es que dado la tradición política en Panamá, un Ministerio será utilizado para nombrar "botellas" y fomentar el clientelismo, ofreciendo puestos a cambio de apoyos políticos; un Ministerio ordenara innumerables "estudios de factibilidad" a precios exorbitantes y contratará innecesarias consultorías también a precios astronómicos. Un Ministerio creara una burrocracia asfixiante y garantizará el pago de coimas por accesos a servicios que deben ser hechos sin necesidad de sobornos. Nuestro país ha logrado avances importantes en materia turística. Ya no es solo Costa Rica el nombre mas sonado en el mercado de oferta turística. Panamá ha ido ascendiendo en la escala mundial de preferencia y continuamos aumentando como posibilidad y destino.  Aunque es claro que aun nos falta por hacer, la riqueza natural y cultural de nuestro país y la capacidad del Panameño para triunfar cuando nos disponemos a hacerlo, nos brindará mayores dividendos, y no solo materiales, en un futuro no muy lejano.                                                                  

Cierro repitiendo algo que dije cuando fui "Ministro": Panamá está condenada al éxito. Pero tenemos que prepararnos, si es que deseamos mantenerlo y convertirlo en una oportunidad para el crecimiento humano. Un Ministerio del Turismo no es la forma de producir tal posibilidad.

 

Rubén Blades

Ex-Administrador de la Autoridad de Turismo de Panamá

21 de julio de 2014