A mis lectores

Quiero expresar mi agradecimiento profundo a quienes leen los artículos que publico en mi página web y en mis redes sociales, y a quienes se toman el tiempo y el esfuerzo de escribir sus comentarios, ya sea a favor o en contra. Ustedes hacen que mis pensamientos y trabajos sean recompensados con creces; ustedes me dan nuevas fuerzas para continuar y, lo más importante, contribuyen a la discusión y propagación de las ideas que han de generar los cambios que las sociedades del mundo necesitan para que podamos sobrevivir como especie. 

Comprendo perfectamente que los seres humanos tenemos cada uno nuestras propias interpretaciones de la realidad, en las que influyen sesgos de tipo cultural, emocional y de creencias, además de lo racional. Por ello, al momento de exponer alguna idea que quiero compartir con otros, procuro hacerlo en el plano estrictamente racional, tratando de dejar fuera mis propios intereses, inclinaciones y convicciones religiosas, porque esas son elecciones personales y entiendo que no necesariamente deben ser aceptadas por otros.   

Pero igualmente respeto el derecho que tiene todo ser humano a opinar. Eso no significa que debo respetar o aceptar todas las opiniones como buenas. Cada quien, según su criterio, tiene el derecho de aceptar o rechazar la opinión de otro. Lo que no puede hacer es negarle el derecho a opinar. Por lo tanto, insisto en agradecerles sus comentarios, respetando su derecho opinar.

Otro asunto son las limitaciones que nos impone la ética, al momento de opinar en algún medio masivo. Cualquier medio de comunicación social, sea televisión, radio, prensa escrita o internet, tiene la obligación de establecer claramente los lineamientos éticos sobre los cuales se publican las opiniones. Es por ello que el editor de nuestra página ha aclarado en distintas ocasiones que no vamos a permitir la publicación de ciertos comentarios que sobrepasan los límites de la ética, la tolerancia y la decencia, porque tenemos que defender los derechos de los otros lectores.

Lo que me ha llamado la atención, con respecto de la última publicación que hice sobre acontecimientos ocurridos en los Estados Unidos, es la reacción de algunos medios de comunicación en mi país, Panamá. No me sorprende, simplemente llama mi atención descubrir que, desde ya, las tendencias políticas tradicionales empiezan a verme como un enemigo a combatir. Me gustaría hacer algunos comentarios y aclaraciones acerca de hechos. Sé perfectamente que muchos de ustedes, en distintos países, encontrarán que las situaciones de sus sociedades son muy parecidas, si no idénticas, a las que ocurren en mi propio país.

Dije que la reacción de algunos medios no me sorprende, porque la mayor parte de los medios nacionales están estrechamente ligados a intereses políticos, sean partidarios o de clase. No olvidemos que la política partidista en Panamá, igual que ocurre en tantas partes del mundo, está estrechamente ligada a intereses comerciales y de negocios. Esa realidad genera, obviamente, lineamientos que no son necesariamente dirigidos a resolver los asuntos sociales, si no a facilitar esos intereses particulares. El resultado de ello es la realidad que vivimos hoy en un mundo convulsionado, con pueblos en todas partes del mundo reclamando sus derechos, a las buenas o a las malas. Pero nuestros políticos no quieren ver esta realidad y se aferran a la idea de mantener un status quo que no ha dado resultados y que está destinado al fracaso. Eso esta claro aquí y en cualquier otra parte del mundo, salvo en aquellos países realmente avanzados en donde esta realidad ya ha empezado a cambiar.

Estos medios, por ejemplo, reaccionan a lo que dije sobre decisiones tomadas por la Corte Suprema de los Estados Unidos, pero no hacen un solo comentario acerca de mi artículo publicado hace unos días, acerca de lo que está ocurriendo en Panamá, en el que señalo algunas realidades de nuestro país, que nos guste o no, son realidades. ¿No es curioso?. Lo peor de todo es que se ataca políticamente mi posición, pero no lo hacen con argumentos sólidos, sino apelando a lo primitivo, llamando al escándalo, a despertar sentimientos que se alimentan de la ignorancia. 

Por ello no me sorprende su tortuosa interpretación de mi comentario acerca de un hecho que no compete a nuestro país, si no que se trata de un fallo de Estados Unidos sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, un comentario hecho desde una perspectiva legal y humana. En ese comentario no hablo de las leyes panameñas, ni de las realidades de nuestro país. En otro medio se habla de mi persona como alguien ajeno al país, dando a entender que mi ausencia física de Panamá me impide ver y entender nuestras realidades con la claridad necesaria. Nada más lejos de la verdad. Por el contrario, tal vez el hecho de no vivir la cotidianidad me permite ver con mayor objetividad las cosas. No tengo ninguna atadura que condicione mi perspectiva de la realidad objetiva de mi Nación. No tengo que obedecer a los intereses de grupos de negocios, ni de clubes sociales, ni de clanes familiares que se casan entre sí, ni de partidocracias, ni de conveniencias ideológicas, ni de tribus. 

Efectivamente, vivo más de la mitad del año fuera de mi país, porque los escenarios en donde me activo profesionalmente están en todo el mundo. Tengo una residencia en Panamá y otra en Nueva York, básicamente. No estoy fuera de mi país porque quiero vivir en otro lugar, o porque me quiero ir de compras como algunos de los que me critican, ni porque estoy huyendo de la justicia, como algunos de nuestros políticos, ni porque quiero ser norteamericano o italiano, como algunos de nuestros políticos. No he renunciado nunca, y jamás renunciaré, a mi ciudadanía panameña. 

Tampoco limito mi amor por Panamá al simple hecho de poseer una cédula y pasaporte, si no que se expresa claramente en mis actuaciones, en mis principios éticos y en mi servicio al país, y no se expresa por el amor a mi bolsillo, como si hacen algunos de los que me atacan. Y les aseguro que ese amor es mayor, más genuino y verdadero que el de quienes piensan que no estar todos los días en mi país me impide el derecho a preocuparme por Panamá y los panameños. Estoy seguro que muchos de ellos, si pudieran hacer en otro lugar la plata que hacen en nuestro país, no dudarían en renunciar a la nacionalidad. Vean si no, a muchos de esos que hablan en mi contra. ¿Por qué si nos quieren tanto, y están siempre en Panamá, nos roban? ¿Acaso vivir en Panamá los hizo mejores personas, más informados, más honestos y más solidarizados con el pueblo?. Ustedes saben las respuestas a esas preguntas. 

Más que examinar los comentarios de esos medios, cosa que me parece fútil, he querido compartir con ustedes acerca de los cambios que tenemos que hacer en nuestras sociedades, para garantizar la sostenibilidad de nuestras vidas. Al fin y al cabo, la mayoría de esos comentarios son anónimos, espacios creados para derramar el odio. Cuando alguien se avergüenza de identificarse con lo que escribe, en plena democracia, se irrespeta a si mismo y se auto-descalifica. Ahora, afortunadamente, existe la internet y las redes sociales y eso debilita la fuerza que antes tenían. Ahora sí que tenemos espacio para aclarar, debatir y refutar sus mentiras.

Gracias por su atención.

 

Rubén Blades
Los Angeles, 6 de julio,  2015  

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