Apuntes desde la Esquina, 2 de agosto de 2026.
¡GRACIAS A TODOS!
Roberto Delgado, su Orquesta y yo, agradecemos a todas las personas que asistieron a nuestras presentaciones en Milán, Londres, Zúrich, Berlín, París y siete ciudades más en España.
Ha sido una gira excepcional y, gracias a Dios, sin mayores inconvenientes típicos de este tipo de viajes, premiada con excelentes reseñas de la prensa profesional y un aplauso del público en general. Cumplido el segmento europeo, iniciaremos el tramo latinoamericano el 11 de agosto, en Montevideo, Uruguay.
EL NUEVO PRESUPUESTO DE PANAMÁ (2027)
Se anunció que el presupuesto para el 2027 será de treinta y cinco mil billones de dólares. Solo la planilla de empleados del sector público será de más de ocho mil millones de dólares, aunque los ingresos fiscales anuales proyectados resulten incapaces de garantizar entradas que puedan asegurar cubrir esos gastos.
El corrupto, mediocre e ineficiente modelo clientelista que defiende y controla la partidocracia tradicional es apoyado por una masa irresponsable de ciudadanos que vota por ellos cada quinquenio a cambio de migajas de lo que hurtan al desgobernar.
Es público el hecho de que el gobierno que preside José Raúl Mulino va a continuar endeudando al país para poder mantenerse a flote. La deuda nacional ya va por más de sesenta y un mil millones de dólares ($61,000,000,000.00). Nuestro ministro de Economía admitió: «Crecerá, pero no tanto», y ni Madam Kalalú nos puede revelar con cuáles recursos estatales podrá ser enfrentada, más allá del blah, blah, blah politiquero.
¿Qué pasó con lo que reclama la ley de responsabilidad fiscal vigente, que exige la identificación de las fuentes del financiamiento/ingreso antes de presentar un presupuesto público? Silencio.
El continuo ofrecimiento de subsidios, un soborno politiquero y clientelista, unido al dramático descenso de la inversión extranjera, proyecta y vaticina la necesidad de adquirir más deuda, todo para sostener y mantener un paradigma de administración corrupto, obsoleto y antieconómico, que impide el desarrollo progresivo del potencial nacional y beneficia el interés egoísta de un grupo de antipatrias.
OTRA MENTIRA DE TRUMP EXPUESTA
El Departamento de Justicia de los Estados Unidos ha retirado los espurios cargos presentados en contra de un deportista olímpico, David Hearn, a quien había acusado de ser responsable por el daño de la «piscina reflexiva» del Monumento a Lincoln, en Washington. En numerosas ocasiones, públicamente, el lunático presidente acusó a «elementos radicales» izquierdistas y vándalos por el regreso de las algas que dan un color verde al agua de esa piscina, asegurando que estos habían creado un corte con cuchillos de unos trescientos cincuenta metros de largo.
Ahora el gobierno admite que el trabajo ordenado por Trump, hecho sin ser licitado competitivamente y a un costo de millones de dólares, fue «apresurado» y «mal hecho».
Aún no se han ofrecido oficialmente excusas al injustamente acusado atleta y, considerando el antecedente del presidente en estos casos, dudo que lo haga.
Ojalá que el Sr. Hearn demande a los que lo difamaron y acusaron falsamente.
El hecho de ser probado constantemente como un mentiroso parece no impresionar a los miembros de la secta de Trump. ¿Cuántas veces ha dicho que él controla el Estrecho de Ormuz? ¿Que los iraníes ya no tienen capacidad militar? ¿Que la paz está a la vuelta de la esquina? Su más reciente cuento es que el grupo terrorista Hamás accedió a desarmarse y que por eso el ejército de Israel saldrá próximamente de Gaza. Por supuesto, Netanyahu ha mantenido silencio y distancia de lo que diga Estados Unidos, después de las constantes y falsas declaraciones de Trump sobre el estado real de la situación.
LA IZQUIERDA, EL SOCIALISMO, EL COMUNISMO; CLICHÉS, FALSEDADES Y REALIDADES
Por definirme de izquierda políticamente me han acusado de comunista, socialista, hipócrita y cuanto insulto puedan crear cerebros que adoptan al «cliché» para explicar o comprender asuntos complejos. Por última vez comentaré sobre esta estupidez.
Poca gente posee la información adecuada para analizar correctamente temas álgidos, o posee el tiempo para hacerlo. La generalización resuelve y ahorra el aprender del detalle para opinar sesudamente. Como en el caso del «TikTok» visual, muchos conceden solo segundos al cerebro para reaccionar sobre un tema y emitir opiniones. Ese proceso instantáneo, desprovisto del detalle y los antecedentes que la razón demanda, origina múltiples errores que son incorporados a nuestro entender como axiomas: por ejemplo, que el izquierdismo, el comunismo y el socialismo son la misma cosa. Que el criticar al fascismo, o la denominada derecha, equivale a ser comunista, socialista y anticapitalista. Que no puedes criticar al capitalismo sin que eso te convierta en comunista o socialista, que no puedes criticar al comunismo sin que eso te convierta en agente del imperialismo yanqui. Para los extremistas de izquierda o derecha la meta es ganar y no convencer a través del análisis y propuestas de acción. Las ideologías te etiquetan, exigen que te les unas y utilizan la persecución, la desinformación y la violencia como recursos con los cuales lograr sus objetivos.
Para cualquier persona de mi generación, la justicia social era y es el fundamento considerado justo y necesario para garantizar la paz, e incluía el respeto al derecho humano, la accesibilidad a un salario digno, servicios médicos, derechos laborales, acceso a la educación Y a la vivienda digna, entre otros. Desafortunadamente, la noción de solidaridad y preocupación por los demás no forma parte de la agenda de los que solo utilizan la iniciativa privada como un vehículo para establecer una superioridad económico-social sobre el resto. Nada crea límites a la ambición personal y Elon Musk se convierte en el primer trillonario del mundo, aunque jamás pueda gastar su fortuna, mientras a su alrededor gente se muere a causa de no contar con las básicas garantías que les permitan una existencia decorosa. Estas extraordinarias discrepancias crean el tipo de escenarios que impiden la paz social. Resulta curioso cómo algunos que no se preocupan por la situación de otros dicen ser seguidores de Dios, o profesan algún tipo de fe o creencia religiosa que precisamente espera de sus acólitos el tipo de empatía hacia sus semejantes que ellos no practican. Exponer los excesos de los poderosos es considerado por cierta gente como un claro signo comunista, no importa que quien critique no participe ni defienda esa ideología. El padre Óscar Arnulfo Romero, hoy Santo de América, fue atacado y asesinado por extremos de la derecha, pues su mensaje cristiano les sonaba a propaganda comunista. Solo por criticar la injusticia se le acusó de «izquierdista», socialista y enemigo del progreso económico de El Salvador.
Una de las cosas que más resiento del comunismo es cómo se cagaron en el término «socialista». Para muchos, ambos significan lo mismo y eso es falso. Pretender crear la igualdad social en la humanidad imponiéndole la desaparición del espíritu y la eliminación de la iniciativa personal como condición para su felicidad es un concepto estúpidamente imposible. Por otro lado, la necesaria consideración entre seres humanos y hacia sus necesidades básicas resulta un imperativo para poder coexistir en sociedad: la palabra «socialismo», para mi entender, significa la aceptación de la solidaridad y el respeto mutuo como bases para el desarrollo espiritual y existencial del individuo y de la sociedad. Hoy la palabra «socialismo» evoca dictaduras como la de Cuba, Nicaragua y Venezuela y la demonización de quien se define bajo ese término es inmediata. No importa que existan hoy países que, sin ser comunistas, aplican administrativamente ejemplos de socialismo para gobernar; la generalización equipara al «socialismo» con el «comunismo», es velozmente aplicada y no admite réplica, explicación o argumento alguno.
Ser de izquierda no quiere decir que solo se deben denunciar dictaduras militares, o del extremo derechista, o fascistas. Ser de izquierda no obliga a justificar, excusar y aplaudir dictaduras comunistas, marxistas, leninistas. Se puede ser de izquierda y creer en Cristo. Se puede ser de izquierda y continuar siendo racional, objetivo y crítico de quien quiera que abuse del derecho humano. Se puede ser de izquierda, no ser pobre y vivir cómodamente sin reproche, cuando esa condición no fue obtenida a costa de la infelicidad ajena.
Se puede ser de izquierda y vivir bajo un sistema que ha sido adoptado mundialmente como modelo económico, el capitalismo, incluso aplicado en la China comunista, que hoy es una de las sociedades más capitalistas del mundo.
Otros han afirmado que soy hipócrita por criticar aspectos y acciones de la política interna y externa de los Estados Unidos y residir en ese país. Esta es una afirmación incorrecta. Solo basta entender la definición de la palabra «hipocresía». Según el «Real Diccionario de la Lengua Española», la palabra hipocresía significa «fingimiento de cualidades y sentimientos contrarios a los que realmente se tienen o experimentan». Cuando expreso lo que mi educación, información y objetivo análisis me indican como cierto es porque sería hipócrita el quedarme callado, pretender que no siento lo que siento, o fingir que no sé lo que es cierto. Por ejemplo: Estados Unidos explica su bloqueo a Cuba por ser este un país comunista, sin prensa libre, sin partidos políticos, sin libertad de expresión, una dictadura de Estado; entonces, ¿por qué no bloquea a la China comunista, país comunista, ateo, sin libertades políticas, donde no existe libre expresión, libertad de prensa, una dictadura que masacró a miles de personas (en su gran mayoría estudiantes) en la Plaza de Tiananmen en 1989, que invadió y aún ocupa al Tíbet, etc.? Denunciar las muchas contradicciones de la política norteamericana, evidentes para cualquier ser inteligente, entre ellas el bloqueo, ¿me convierte eso en comunista y simpatizante de la dictadura cubana? No.
En Estados Unidos, estos programas de asistencia pública o económica son catalogados como «socialistas» por el Partido Republicano: el Seguro Social, el «Medicaid», el «Medicare», el salario mínimo, el derecho a vacaciones, la educación gratuita, el programa de asistencia social de «food stamps», las uniones de trabajadores, las pensiones que pagan los empleadores. Los republicanos y Trump están hoy en el poder y controlan el Ejecutivo, el Congreso y el Senado; si creen que eso es socialismo o comunismo, ¿por qué no los eliminan? Porque, de hacerlo, la ciudadanía protestaría en masa y los rechazaría políticamente. Estos programas de asistencia social surgieron inicialmente de la lucha y exigencia, por décadas, de grupos y activistas considerados «socialistas», de las organizaciones sindicales que se crearon para defender los derechos del trabajador, enfrentando la oposición y violencia ejercida en su contra por los patrones dueños de negocios, industrias e intereses millonarios. Al presidente Franklin Delano Roosevelt, creador de la política del «New Deal», grupos financieros en Estados Unidos lo llamaron comunista, socialista y «traidor a su clase» por ser él quien, desde sus distintos y consecutivos períodos presidenciales, implementó muchos de estos programas sociales durante y después del desastre económico denominado «la Gran Depresión». Aunque el presidente Roosevelt provenía de una familia acomodada y privilegiada, su estatus social y relevancia económica no le impidieron solidarizarse con la necesidad de otros menos afortunados que él.
Agradezco y siempre agradeceré las oportunidades que encontramos mi familia y yo allí cuando emigramos de Panamá. Siempre admiré y admiraré la Constitución de Estados Unidos, quizás el más perfecto documento político jamás concebido, con el diseño original que propuso un gobierno electo por el voto popular, constituido por tres poderes separados, esquema que ha inspirado al modelo administrativo democrático en todo el planeta. Pero nadie debe ser esclavo del agradecimiento. Lo que no está bien, venga de donde venga, sea de quien sea, debe ser denunciado y opuesto.
A cambio de ser ayudado no se debe renunciar al respeto, a la verdad y a la razón.
Oponer lo que está mal o al que está equivocado no te convierte en enemigo de la humanidad. Hacerlo te hace merecedor del respeto de todo ser humano, no importa su creencia, raza, sexo o lugar de nacimiento, y te convierte en defensor de la humanidad y del bienestar del universo.
Nuevamente, gracias por su apoyo, afecto y por los comentarios que me nutren y mejoran.
Rubén Blades
2 de agosto de 2026
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