Todavía falta mucho por definir en Puerto Rico

Me parece que la decisión de Ricardo Roselló, de renunciar a su cargo de gobernador de Puerto Rico, se puede considerar como un paso en la dirección histórica correcta.

La generalizada y sostenida manifestación de repudio del pueblo ha sido tan contundente, que no le quedó otra consideración o salida. Ese final, que nadie hubiese vaticinado unas semanas atrás, fue tan estrepitoso como novedoso. En la historia política de Puerto Rico, es el primer gobernador que renuncia al cargo por la presión popular. Las manifestaciones, que aun continúan, son las más activas y combativas de se recuerdan en la isla, junto a las de Vieques.

Pero los problemas de la isla continuarán mientras no se aclare definitivamente el controvertido asunto de su actual status político. Y los problemas de la nación caribeña no son pocos. La abrumadora deuda del gobierno puertorriqueño y la incertidumbre de cómo solventar sus pagos, la necesidad de crear formas de auto abastecimiento alimentario y energético en el país, la activación de industrias y producción local para la exportación, el mejoramiento de la oferta turística para que pueda competir con las de Cuba y otras en el área, la necesidad de un nuevo paradigma de administración pública, la propuesta de una nueva dirección para la educación y la preparación profesional, la necesidad de un cambio en la mentalidad ciudadana que permita el aumento de la confianza nacional en su capacidad para resolver problemas, todo esto tiene que ser atendido mas allá de la salida del poder para el actual grupo de políticos.  

Probablemente será necesario que los tres partidos mayoritarios convoquen encuentros dirigidos a encontrar una salida a la presente crisis y a satisfacer el deseo que ha sido claramente planteado en estas protestas: no mas corrupción, ni mediocridad, ni mentiras. Ese dialogo político debe ser acompañado por un dialogo ciudadano a nivel nacional. Las conclusiones emanadas de ese diálogo deben ser conocidas, consensuadas y apoyadas absolutamente por todos los sectores que conforman la vida de Puerto Rico.

En Panamá sabemos muy bien lo que ocurre cuando no se aprovechan las oportunidades que producen las crisis. ojalá que Puerto Rico no cometa el error en que incurrimos los panameños después de la dolorosa invasión norteamericana de 1989. En vez de crear una nueva nación, en lugar de crear un nuevo modelo de administración pública apoyado en una nueva constitución, lo que ocurrió luego de 21 años de dictadura militar abierta o disfrazada, fue la recreación de los fundamentos del interés oligárquico imperante desde el nacimiento de la nación en 1903, que de alguna manera había sido mediatizado por los militares con su golpe en 1968. 

Como resultado, después del 90 hemos tenido gobiernos civiles aún más corruptos que los que existieron antes, en los que se han hecho fortunas privadas con los recursos del país, que no se han realizado los cambios constitucionales que permitan ponerle fin al desgobierno y a la pillería. Si en 1990 hubiesen privado los intereses del país, por encima de la codicia politiquera y del sector civil corrupto, seguramente hoy nuestro país sería otro.

En todos los países de nuestra América Latina sufrimos del mismo problema: corrupción oficial, mediocridad en los liderazgos, corrupción civil e irresponsabilidad ciudadana. El resultado de ello se refleja en las últimos reportes de países del mundo con peor distribución del ingreso que lista, entre los 10 peores, a 8 países latinoamericanos, Panamá entre ellos. Una vergüenza continental!

Y quiero hacer énfasis sobre el factor de irresponsabilidad ciudadana en nuestra situación. El gobernador Rosello fue electo por el voto directo. En Panamá, los diputados de una Asamblea que es considerada como muy corrupta, también han sido electos por el voto popular directo, por la ciudadanía. Ninguno de estos gobernantes en la actualidad nos a sido impuesto por un dictador, o un extra-terrestre. Aquí no podemos culpar a Trump, a Putin, a Fidel, o a Chávez. Nosotros, los ciudadanos, permitimos que elementos anti-país adquieran poder y lo utilicen para hacerse ricos a nuestras expensas. Nosotros les permitimos que se roben nuestras posibilidades, que se las traguen y que eructen nuestros futuros. 

Esta etapa de Puerto Rico puede resultar un ejemplo a seguir, para decidir lo que hoy está en nuestras manos: eliminar lo que no funciona y reemplazarlo con algo que verdaderamente defienda la posibilidad nacional. Pero esa parte, quizás la más difícil, aun falta por cumplirse. Esperemos que la mejor representación del alma pura de Borinquen prevalezca y que este positivo resultado sea la semilla para más y mejores cambios. 

¡Con esa esperanza nos arropamos todos!

 

Rubén Blades
30 de Julio, 2019

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