Apuntes desde la Esquina, 19 de febrero de 2026
PANAMÁ: HUMO Y ESPEJOS - SOBRE LA CORRUPCIÓN
VENEZUELA: DESCOMUNAL HIPOCRESÍA
HUMO Y ESPEJOS
Recibo noticias referentes a Panamá a través de un servicio especial que automáticamente me notifica cada vez que mi país es mencionado en Internet. En muchos casos leo reportes que no provocan la atención de medios de información panameños, o que son interpretados por estos, con o sin premeditación, de manera incompleta, equivocada o superficial.
Y el asunto no se limita a publicaciones impresas y a noticieros televisivos. Mucha gente no lee los artículos que escribimos. Pasan la vista por su encabezado y con eso se consideran ya informados, incluso expertos, sobre el tema.
Soy constantemente advertido que mis escritos son muy largos y que debo acortarlos, pues el lapso de atención del lector promedio, entre 40 y 46 segundos, es menor que el de un mosquito, cuya memoria puede recordar por veinticuatro horas una experiencia de peligro.
Hoy me llegó un boletín indicando que "por primera vez en el gobierno de José Raúl Mulino, Panamá ofrece bonos en el mercado internacional". Los medios nacionales enfatizaron el anuncio hecho por nuestro ministro de Economía, Felipe Chapman, indicando... "Panamá recompra 2,970 millones de dólares en bonos y reduce su deuda en 204 millones de dólares".
La noticia, a primera vista, luce excelente. Sin embargo, un análisis sosegado nos lleva a otras menos rosadas consideraciones, entre ellas, que hubo un simple "... reemplazo de deuda en mejores condiciones... ", lo que convierte al acto financiero en algo más complejo, incluso llevando al anuncio al borde de la insinceridad.
Objetivamente, se negoció deuda a largo plazo para comprar deuda a un mejor precio y aunque eso efectivamente produce un "ahorro", la deuda continúa no solo existiendo sino creciendo si consideramos la obligación de futuros pagos que adquiere Panamá con los que compraron sus bonos.
Por otro lado, si bien es cierto que la oferta de venta directa de bonos al mercado internacional evita los costos asociados con préstamos bancarios, mi pregunta es si la decisión de hacerlo fue influida por la duda en obtenerlos, o por temor a una posible negativa del sector bancario de continuar otorgándoselos a Panamá, luego de estos haber realizado un examen imparcial del verdadero estado y proyección de su realidad financiera.
No sería irracional el temor de prestar dinero a Panamá después de examinar minuciosamente la interioridad de un sistema que depende del “clientelismo” para sobrevivir políticamente, en un país donde un estimado 51% de su población está empleada en el sector informal, con una fuerza laboral que no parece preparada para aprovechar, adaptarse o resistir el impacto que la tecnología está produciendo a nivel mundial; un país con niveles de inversión pública que no se traducen en ingresos, ni crean trabajos bien remunerados, con instituciones públicas que presentan niveles percibidos o probados de malos manejos, peculados, despilfarros y corrupción oficial.
Por otro lado, también se informa que la Unión Europea nos ubica en su “lista negra” de países considerados “paraísos fiscales” y “entes no colaboradores”. ¿No dizque habíamos arreglado ese enredo?
El presidente Mulino dio al país la impresión de que sus esfuerzos habían logrado que Panamá por fin saliera de ese negativo registro. Parece que no fue así y es dudoso que su amenaza a países miembros de la UE de prohibirles invertir en proyectos públicos en Panamá vaya a producir efectos positivos.
Es dudoso que el presente gobierno presione para que se realicen los “ajustes fiscales” exigidos por la Unión Europea como condición para excluir a Panamá del listado. El presidente Mulino procurará siempre no antagonizar a la élite a la que aspira ingresar, y además sabe que en Panamá la consternación dura apenas unos días, la gente olvida pronto y fácilmente se distrae con espejismos e informaciones que utilizan el tipo de “humo y espejos” que los magos usan para entretener a su público.
Hasta que en Panamá no desaparezca el paradigma de administración existente, que incluye la defensa del “status quo” general, para favorecer intereses y beneficios con nombres propios, vamos a continuar en la parálisis que nos impide “alcanzar por fin la victoria” y desarrollar el potencial real de nuestros recursos, humanos y naturales.
SOBRE LA CORRUPCION
A raíz de la publicación de la reciente evaluación de Transparencia Internacional sobre la corrupción político-administrativa a nivel mundial, otra vez leo publicaciones en Panamá lamentando nuestra pésima posición en la escala que mide el tema, como si el asunto debiera sorprendernos o impresionar a una ciudadanía que, de manera constante y uniforme, ha manifestado su indiferencia cívica de mil distintas formas.
En Panamá algunos continuamos identificando a la corrupción político-administrativa como un problema, pero es hora de crear un nuevo término para denominarla.
Cuando hablamos de corrupción, primero es necesario asumir la existencia de un cuerpo sano. ¿Cuándo fue la última vez que en Panamá existió una administración pública "sana"? Si, como lo expresa la opinión de una mayoría ciudadana, nuestro actual sistema político y administrativo se ve afectado por una corrupción de muchas décadas, entonces no debemos continuar definiendo lo que ocurre como "corrupción".
Lo que ha estado podrido no puede "corromperse", ya lo está y ese estado se ha convertido en la normalidad que rige el devenir nacional. Nuestro sistema y paradigma administrativo están basados en el "clientelismo político", el "amiguismo", el nepotismo, el soborno, el "¿qué hay pa' mí?", realidad que continúa prohijando un órgano legislativo que sirve a intereses antipatria y antipopulares y órganos administrativos de inconsistente honestidad, vulnerables al "matraqueo" y al "chanchullo". La ausencia de una indignación o protesta social sostenida nos convierte en los responsables directos de la horrorosa situación en que vivimos.
¿Por qué entonces nos sorprendemos anualmente, o nos quejamos de la situación actual de un Estado que nuestra desidia ha hecho fallido? Lamentar editorialmente la corrupción sin aceptar nuestra responsabilidad por su existencia es un ejercicio de falso civismo, dirigido a disimular el hecho de que el ciudadano promedio solo cree en el Panamá inmediato y vive exclusivamente para el presente.
La ciudadanía parece no poseer una visión solidaria del futuro, quizás porque tal concepción resulta imposible de ser producida por quienes continúan mental y emocionalmente dudando o ignorando el potencial de su fuerza personal y colectiva, con su autoestima aun sufriendo el efecto desmoralizador del colonialismo.
Se anuncia que pronto concluirá en Panamá el juicio sobre los sobornos que el grupo Odebrecht ofreció a figuras políticas y civiles locales y pocos creen a nivel nacional que el desenlace producirá un resultado justo o adecuado. ¿Cómo suponerlo, si nos resulta imposible considerar que la justicia será aplicada de acuerdo a la norma?
Debe resultar patético el esperar lo mejor, a sabiendas de que la realidad de nuestra corrupción nacional garantiza lo peor, pero muchos prefieren esconderse tras una fantasía que esperan los proteja de algo aún más inferior. En realidad, ya nada puede ser “más pésimo” que la mentira representada por "la política" actual.
Nuestra "democracia" se limita al espectáculo del "voto" en la elección que es celebrada cada cinco años. La idea de "justicia" es popularmente percibida como algo que solo existe para el que pueda pagar abogados influyentes. La "libertad" es patrimonio exclusivo de los que tienen dinero, influencia y poder para evitar que los jodan, con o sin razón. Todo es un cuento.
Vivimos de la ilusión, lo sabemos y, aun así, rehusamos actuar de forma efectiva para cambiar eso que decimos nos afecta, preocupa o detiene. Frente a la vista de todos se desarrolla la mentira, con su ropaje de oficial solemnidad y olor a coche nuevo, maquillada por expertos sofistas al servicio de la continuidad de un sistema administrativo fallido.
La mayoría del país, aunque lo sabe o lo presiente, prefiere vivir quejándose sin movilizarse para verdadera y definitivamente sustituir por algo mejor la corrupción y mediocridad que producen nuestro lamento y descontento.
Viene el desenlace del "affaire Odebrecht" y, mientras se preparan argumentos e interpretaciones legales que permitan la eliminación o reconsideración de sentencias ejecutoriadas, todo hecho premeditadamente para garantizar impunidades, borrar fallos y favorecer a declarados corruptos, como el expresidente convicto y prófugo, Ricardo Martinelli, quien pacientemente espera en Colombia por el pago al patrocinio político que llevó al solio presidencial a su aliado, José Raúl Mulino, actual mandatario de nuestro país.
¿Qué nos asegura que las expectativas de impunidad de los culpables no se verán premiadas en el futuro? Absolutamente nada. ¿Cree alguien que algún "cocotudo" pondrá finalmente un pie en la cárcel? Lo dudo.
El informe de Transparencia Internacional nos identifica compasivamente como un país "... con una democracia imperfecta...". A pesar del eufemismo, sabemos perfectamente la cruda verdad que oculta su dictamen: nuestro sistema, sea administrativo o político, y sus órganos Judicial, Legislativo y Ejecutivo, están carcomidos desde hace mucho tiempo por el comején de la corrupción.
Aun reconociendo y agradeciendo la existencia en Panamá de ciudadanos y personas decentes y de funcionarios honorables, correctos, honrados que tratan de evitar el desmoronamiento final de nuestra "democracia", la vaina no se ve bien para nuestro país, no importa el ángulo del sofismo que se aplique.
Como lo indicó el brillante dramaturgo William Shakespeare en su obra teatral "Julio César", "la culpa de lo que nos ocurre no está en las estrellas, sino en nosotros mismos".
DESCOMUNAL HIPOCRESÍA
Insisto en señalar la descomunal hipocresía de los llamados "comunistas" y falsos defensores del ideal bolivariano en Venezuela porque es vital denunciar su oportunismo y falta de convicciones. Ahora resulta que Chris Wright, el actual secretario de Energía de Estados Unidos, viajó a Caracas para dar instrucciones a Delcy Rodríguez, la representante de la dictadura y heredera del secuestrado dictador, Nicolás Maduro, y forzarla a conceder mayores concesiones petroleras.
A pesar de los cambios legislativos realizados por las autoridades venezolanas, Trump demanda mejores condiciones que permitan que empresas extranjeras, léase norteamericanas, se vean animadas a efectuar inversiones en el sector energético fósil, algo que al presente se resisten a realizar.
Entre las órdenes a la dictadura de Rodríguez está el no negociar con China, Irán y Rusia directamente la venta de petróleo y el ordenar la liberación del resto de los presos políticos que aún se mantienen detenidos en las cárceles de su régimen dictatorial. El representante del "imperio" que secuestró al dictador Maduro fue recibido en Caracas con "bombo y platillos" y una caravana oficial, con fuerza motorizada incluida, puesta a su disposición para garantizar su seguridad y rápido traslado al Palacio de Miraflores.
Luego de su encuentro con la dictadora Rodríguez, el señor Wright se reunió con representantes de medios de información internacionales y declaró que "...la libertad de prensa es parte importantísima y vital para una sociedad...", algo que luce extraño considerando que, aparentemente, no había periodistas venezolanos presentes para hacerle preguntas pertinentes, por ejemplo, ¿cuándo se permitirá la libertad de expresión periodística y cuándo serán celebradas nuevas elecciones presidenciales en ese país?
El discurso dizque patriótico de estos charlatanes, desde la "presidenta" Rodríguez, el embustero Diosdado Cabello y los demás "camaradas" y declarados defensores del "chavismo" se ve expuesto en su total insinceridad por la evidente sumisión con la que aceptan las órdenes de lo que han denominado por décadas como su enemigo irreconciliable: "el imperialismo yanqui".
Después de años de panfleto, marchas, conferencias y discursos de barricada “comunistoides”, ahora esconden la lengua, se hincan y muestran su pusilanimidad con el propósito de sobrevivir para continuar usufructuando los frutos de su corrupción administrativa, fundamentada en el sufrimiento de su pueblo. ¿Y qué del ejército que apoya a la dictadura? Por ahora seguirán aplaudiendo, mientras les sigan pagando y mantengan sus privilegios.
Igual de notorio resulta el silencio de los "camaradas" en Panamá sobre el tema del secuestro de Maduro. ¿Qué dicen Saúl Méndez y Genaro López de la genuflexión ante el “yanqui” de sus colegas y otrora patrocinadores chavistas? Como diría un chiricano: ¡ni picha! La corrupción en Panamá es de tal magnitud que no se salva ni la supuesta "izquierda", una pandilla de ambidextros que utilizan la demagogia para denunciar abusos pero sin proponer nada racional que funcione para reemplazar a un corrupto sistema. No se van a "alzar en armas" para ir a la montaña a pelear, pues, para empezar, ninguno de estos citadinos come mono. Ni siquiera intentan llegar electoralmente al poder porque saben que eso los obligaría a enfrentar problemas y a tener que solucionarlos y se les jodería el negocio. Prefieren hablar "paja", ir a congresos, lanzar consignas, marchar, hacerse los patriotas y cobrar por hacer o no hacer escándalos. Cuando la mentira del comunismo les explota en la cara se hacen los pendejos y miran para otro lado. ¿Hablar de la visita del capitalista Wright, para dar órdenes a la compañera Delcy Rodríguez en Caracas? ¡Qué va! ¡Desmaya eso, compadre!
Observo que las acciones de países poderosos como Estados Unidos, Rusia o China imitan los pensamientos y dictados del escritor romano Tucídides. En su recreación de un supuesto diálogo entre la poderosa Atenas y la débil isla de Melos, Tucídides declaró: "El fuerte hace lo que quiere y el débil lo sufre y lo aguanta", pues "... para los poderosos, la justicia solo se aplica en relaciones donde existe una igualdad de fuerzas..." y no se concibe como plausible que países débiles presenten argumentos legales para reemplazar su carencia de fuerza y triunfen. Según Tucídides, el débil, por su inferioridad, debe aceptar que le sean aplicadas las decisiones de los más fuertes, sin que importe lo injustas o ilegales que sean.
Me pregunto qué pensará el pueblo venezolano y los desfasados defensores del sistema comunista en Latinoamérica sobre la pública humillación que se deriva de un innegable hecho: Estados Unidos hoy es quien determina lo que puede o no hacer Venezuela con su petróleo, el mismo "imperio" que el depuesto dictador Nicolás Maduro denunciaba y amenazaba hace escasas semanas atrás, con Delcy, Diosdado y compañía haciéndole coro. Ante lo que está ocurriendo, ¿todavía queda alguien que crea en lo que digan falsos patriotas que sólo a través de la represión se mantienen en el poder en países como Venezuela, Nicaragua y Cuba? ¿Adónde fue el "discurso chavista" de Rodríguez y compañía? Desmayaron eso de "Patria, Socialismo, o muerte" y ahora parece que la nueva consigna es "Hago lo que sea para seguir cobrando".
Rubén Blades
19 de febrero de 2026
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