Apuntes desde la Esquina, 25 de marzo de 2026
TRUMP Y SUS LABERINTOS - LOS DESAMPARADOS, OTRA ENORME DEUDA DE PANAMÁ
TRUMP Y SUS LABERINTOS
Pareciera que por fin están despertando algunos de los que incondicionalmente han apoyado a uno de los más corruptos e incompetentes presidentes en la historia de los Estados Unidos.
Los desatinos y exabruptos de Donald Trump se hacen cada vez más evidentes e insoportables. Ha sido expuesta públicamente la ausencia de una clara estrategia sobre Irán, un estudio que considerase las consecuencias de la acción militar en su contra.
Esta "guerra que no es guerra" cada vez luce más como una operación sugerida, iniciada y dirigida por Netanyahu.
La idea de que Irán se iba a rendir inmediatamente sólo puede ocurrírsele a gente ignorante, arrogante, narcisista y susceptible a ser engañada a través del piropo. ¿Suena familiar? Parece que Trump, quien constantemente afirma saber más que nadie, incluyendo a sus generales, no tiene idea de qué es el estrecho de Ormuz, su posición ni vulnerabilidad geográfica, o el hecho de que el petróleo que Irán vende a China y a Rusia, sus rivales geopolíticos, también tiene que pasar por allí.
Trump, que no desea un enfrentamiento con China o con Rusia, potencias atómicas y enemigos ideológicos de Estados Unidos, culpó a Israel por "unilateralmente" atacar objetivos que llevaron a Irán a su vez a responder agrediendo áreas que afectan depósitos de petróleo necesarios para el abastecimiento mundial, incluyendo chinos y soviéticos.
Como claramente indica lo que ocurrió en Venezuela, a Trump no le interesan los derechos humanos ni la libertad de país alguno; le importa su imagen, y lo que beneficia a su interés. Por eso secuestra a Nicolás Maduro y luego negocia con su dictadura como si nada hubiese ocurrido. Por eso no quiere que Corina Machado u otro opositor venezolano, haga nada que afecte la estabilidad interna del régimen de la dictadora Delcy Rodríguez. A Trump no le interesa si es una democracia, o una dictadura la que satisface su ego y le otorga el beneficio que pretende.
Lo mismo que en Venezuela podría ocurrir con Cuba. Trump se jacta de que él puede hacer lo que quiera, pues cree que el resultado de su narcisismo siempre se verá premiado. A través de su secretario de Estado Marco Rubio supuestamente sugiere la remoción del actual "presidente" Díaz-Canel, cuyo reemplazo sería el nieto de Raúl Castro, pero sin considerar en ningún momento las condiciones a las que está sometido el pueblo cubano bajo la dictadura que lo tiene al borde del colapso total.
En Miami imagino que estarán tan confundidos con esa estrategia como lo estuvieron o están los venezolanos. Poco se habla de Maduro en Estados Unidos. En Venezuela la dictadora recibió sucesivamente al Director de la C.I.A., al oficial a cargo del Southern Command del Ejército de Estados Unidos, al encargado del Departamento de Energía de Estados Unidos, y finalmente aceptó reanudar relaciones diplomáticas con el imperialismo, su dizque enemigo ideológico. Después explicó, con la cara dura utilizada por el comunismo dialéctico, que era necesario "examinar áreas de coincidencia entre nuestros intereses, todo dentro de un marco de respeto y dignidad"., esto después que le invadieron el país, le secuestraron al presidente, a la primera dama y a su perrito; atacaron sus infraestructuras, les mataron compatriotas y los yanquis, ahora sus nuevos amigos, intervinieran su producción nacional de petróleo crudo, regulando su venta y la dirección de los embarques, recibiendo el dinero y entregando a Venezuela la cantidad que ellos estimen conveniente, una relación proxeneta, bajo condiciones aceptadas por la dictadora Delcy Rodríguez, el amansado y ahora mudo ideológico Diosdado Cabello y el resto de sus adláteres “comunistoides”.
En Cuba, primero negaron que estaban en conversaciones con los norteamericanos y después las admitieron, eso sí, explicando como sus camaradas venezolanos que todo se desarrolla bajo "condiciones de respeto y dignidad". Es muy posible que las negociaciones se limiten solo a discutir futuras inversiones de grupos económicos preaprobados por Trump para con eso beneficiar sus intereses electorales en Florida, y a considerar el tema de las indemnizaciones a los dueños de propiedades y negocios que fueron expropiados por la revolución Fidelista. Como en el caso de Venezuela, a Trump no le importa que la dictadura en Cuba se mantenga, solo le importa su imagen, el ganar dinero como sea y obtener votos de los que aún creen en su mentira de que cree en la democracia. La situación en la sufrida isla es catastrófica y si el sistema marxista no negocia con sus opositores, no veo cómo pueda sostenerse. A pesar de la impopularidad del actual régimen, dudo que Trump demandará el desmantelamiento del sistema marxista que oprime al pueblo cubano. Su modelo de acción para Cuba es Venezuela, con una gran diferencia: la isla no tiene petróleo y allí no habrá ganancias inmediatas.
Volviendo a la guerra con Irán, el conflicto en el Medio Oriente ha sido utilizado primariamente como una forma de distracción. Trump trata de que la gente olvide su asociación con el pedófilo Epstein y Netanyahu procura que su juicio por corrupción continúe pospuesto, o que finalmente sea anulado como pago por su servicio a Israel. Paralelamente, asociados de Trump buscan complacer al sector religioso de la derecha de Estados Unidos, que identifica y define a Trump como un "instrumento divino" encargado de acelerar la llegada del "Armagedón", mientras también procuran ayudar a que miembros del sector privado con negocios e intereses petroleros ganen más dinero y continúen contribuyendo e invirtiendo en la campaña política del partido Republicano y en las empresas conectadas a Trump y a su familia.
Un enfermo narcisista de ignorancia prodigiosa, carente de escrúpulos, rodeado de sicofantes, racistas, nihilistas y oportunistas, nuevamente crea un escenario internacional de enorme peligro, donde con sus mentiras continúa convulsionando al mundo entero
¿Adónde has ido, Joe Dimaggio...?
LOS DESAMPARADOS, OTRA ENORME DEUDA DE PANAMÁ
Este es otro ejemplo de lo que en Panamá no hacemos con la necesaria frecuencia: mejorar no solo a los que están más jodidos que nosotros, sino también a nuestras propias almas y actitudes sociales. Nos desensibilizamos cuando vemos a otro ser humano hurgando en un basurero para comer y no hacemos nada para ayudar a resolver su situación. Esa indiferencia, o ese sentido de impotencia, la llevamos por dentro y la aplicamos en nuestra interacción social, en la casa, en el trabajo o en la calle.
Aunque sea inconsciente, eso afecta lo que sentimos, decimos, pensamos y hacemos, y evasiones como darle un dólar al que pide limosna fuera de la iglesia, creyendo que eso nos asegura una nube después del “Juicio Final”, resultan un consuelo inútil.
En Panamá contamos a nuestros desamparados. Sabemos cuántos son, los enumeramos y luego, como si viviéramos en un programa de “National Geographic”, los volvemos a soltar en la jungla en que se ha convertido la ciudad, más hostil e impenetrable que la selva del Darién, que ya no es un “tapón”, sino un coladero.
Estoy completamente seguro de que tenemos la capacidad para resolver el problema de los desamparados. También estoy convencido de que en Panamá no existe la voluntad nacional, política o social para hacerlo. No nos interesa un carajo lo que le ocurra a los demás, no importa cuán hipócritamente aseguremos ser “cristianos” o estar preocupados “por el bien del país”. Nos importa lo nuestro. Si al resto le va mal, eso es culpa o responsabilidad ajena. Ese pensamiento simplista obvia el hecho de que esa gente, excluida del bienestar social por la razón que sea, es la que mañana nos va a sacar la mierda para poder sobrevivir. Si a los lectores les ofenden mis “palabras sucias”, ¿no creen que debería molestarles más la realidad que expresan?
Es claro que resolver un problema, cualquiera que sea, requiere soluciones que combinen respuestas complejas. El problema del desamparo social es complicado y enrevesado, pero exige ser enfrentado y solucionado de manera permanente.
Me propongo presentar comentarios y sugerencias que espero sean mejorados por ustedes y que, en conjunto, contribuyan a una acción oficial, civil, nacional y compartida.
1. Tiene que sustituirse la norma legal que permite al desamparado vivir en la calle o regresar a ella. La pobreza no es “un derecho humano”, ni tampoco debe utilizarse como excusa para actos antisociales. No existe un alegado “derecho” que apoye el argumento de la persona que dice preferir vivir en la calle de una ciudad, decisión que incomoda a los ciudadanos que transitan por ella, al negocio cuyos clientes se ven incomodados y al orden social general: el “derecho” a cagar en la calle no existe.
2. Una persona que sufre de drogadicción no está en capacidad de tomar decisiones, lo que incluye rechazar tratamiento médico para una eventual cura. Nadie tiene el “derecho humano” a ser adicto o antisocial, algo que incluiría la facultad de robar y hurtar lo ajeno para sostener su vicio y su existencia.
3. Existen diversas razones para el desamparo. No todo el que está en la calle “escogió hacerlo” o tiene problemas mentales o es un drogadicto. Hay personas que, aun teniendo una profesión, lo pierden todo y no tienen alternativas para su situación. Los desamparados que ya tienen un oficio para ganarse honradamente el sustento diario deberían ser identificados y habilitados para que puedan reintegrarse a sus oficios, una vez haya sido identificada y debidamente diagnosticada la causa emocional, psicológica o económica —incluso la mala suerte o la falta de oportunidades laborales— que los llevó a terminar en el desamparo.
4. Los fondos económicos para atender a nuestros conciudadanos desamparados deben provenir de lo que pagamos en impuestos. Se debe establecer el costo de habilitar y/o rehabilitar al desamparado de acuerdo con el examen de la realidad que lo llevó a ese estado. Esa cantidad debiera, en principio, ser sufragada por el Estado a través de los fondos que pagamos en impuestos, esos que hoy se malgastan y despilfarran, por ejemplo, en el cada vez más abultado presupuesto para sostener a una corrupta mayoría legislativa. Incluso los ciudadanos podríamos convertirnos en patrocinadores de casos de personas desamparadas, y nuestras contribuciones podrían deducirse de los impuestos que pagamos, en vez de ser estos utilizados por la corrupción política para sostener al “clientelismo” y sus afanes de lucro partidista.
5. Se necesitan centros que funcionen para el tratamiento y la recuperación civil de los afectados por el desamparo. A nadie debería permitírsele salir de ellos hasta tanto haya sido tratado, preparado y certificado como recuperado.
6. El sector privado deberá involucrarse para ofrecer a los recuperados ofertas de trabajo que permitan su reinserción a la productividad y al marco cívico, una vez se cumplan los procesos de desintoxicación, tratamiento psicológico, emocional, entrenamiento o capacitación profesional necesarios para su reincorporación social.
7. Las familias de los desamparados deberán ser incluidas en estos procesos de habilitación, desintoxicación y tratamiento mental o psicológico, siempre y cuando la situación no represente la reapertura de conflictos pasados. Lo ideal sería que los vínculos familiares fuesen siempre mantenidos. En el mundo real eso no estará garantizado. Cada cabeza es un mundo y, aunque “familia sea familia”, la unidad a veces se hace muy difícil sin la voluntad de contribuir a mantener esa conexión.
Gracias por su atención. Son ideas que aporto para la discusión pública de un tema que nos debe preocupar a todos. El punto 8 se lo dejo a todos y cada uno de ustedes.
Rubén Blades
25 de Marzo de 2026
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