Recordando a Gabo y Cheo

¨Qué afortunado fui al conocer a un genio que le gustaban mis
  vainas¨: Rubén Blades recuerda a Gabo.

Por Felipe Sánchez Hincapié, para Noisey.Vice.com

Sus canciones hablan de una tierra bella y difícil. “Amor y control”, “Camaleón”, “Desapariciones”, “Maestra vida”, “Pedro Navaja”, “Plástico”, y tantas más, nos han puesto a azotar baldosa y también nos han agitado la consciencia. Nacido en Ciudad de Panamá hace 68 años, sigue cantándole a la vida que se encuentra con la muerte en la misma esquina.

Al igual que él, otro narrador del Caribe nos atrapó con sus ingeniosas novelas, como El coronel no tiene quien le escribaCien años de soledad, El otoño del patriarca o Crónica de una muerte anunciada. Nació en Aracataca, un pueblo ubicado en el departamento de Magdalena (Colombia), hace 87 años. De su prodigiosa pluma salió Macondo, un universo donde la realidad y la ficción eran hermanas de sangre. 

Los dos, Rubén Blades y Gabriel García Márquez, plasmaron a su manera nuestras luces y sombras. Al respecto, el periodista Ossiel Villada Trejos afirmó en su artículo Rubén Blades, un rebelde natural que va más allá de la salsa, publicado el 10 de abril de este año en el diario El País de Cali, que “ambos eligieron el duro y bello oficio de narrar la vida”. 

- Y esa es la razón por la que muchas canciones de Blades son cuentos o novelas que se cantan, mientras que muchos libros de Gabo son boleros o vallenatos que se leen. Y en ambos vamos abrazados con la vida, bailando sus penas y sus dolores-, agregó Villada Trejos. 

No fue gratuito que ambos sostuvieran una fructífera amistad, que empezó con una escueta llamada telefónica. Tras decirse unos cuantos monosílabos, el poeta de la salsa y el creador de Macondo compartieron sonoras historias sazonadas con el humor Caribe.

Blades le propuso a Gabo hacer un disco, pero este proyecto no pudo llegar a buen puerto. Sin embargo, el panameño no se quedó de brazos cruzados y compuso ocho canciones inspiradas en los primeros cuentos del colombiano, como: Amargura para tres sonámbulosMonólogo de Isabel viendo llover en Macondo y Ojos de perro azul.

Con el visto bueno de Gabo, quien recibió el Premio Nobel de Literatura en 1982, Blades presentó en 1987 su álbum Agua de luna, realizado junto a la agrupación Seis del Solar y en el que aparecen temas como “Blackaman”“Claro oscuro” o “Laura Farina”. Pese a que los fanáticos de la salsa y los seguidores del Nobel no lo recibieron con buenos oídos, el disco pasó la prueba del tiempo no sólo por su diversidad de ritmos, sino también por la originalidad de sus letras. Más que un guiño literario, es la mirada de dos narradores que tocaron las fibras de una región tan rica y saqueada como Latinoamérica. 

García Márquez partió de este mundo en 2014 para encontrarse con sus abuelos maternos y volver a escuchar las historias de fantasmas que le contaban cuando era niño. Blades, por su parte, anunció que este año se retiraría de los escenarios para dedicarse a otros proyectos. Ahora está concentrado en su última gira, Caminando, mientras miles de personas en todo el mundo lo ven actuar en la serie Fear The Walking Dead, donde interpreta al personaje de Daniel Salazar. 

Hoy se conmemoran dos años del fallecimiento de Gabo y en medio de sus ocupaciones, el cantante conversó con Noisey sobre su amistad con el inmortal escritor y cómo musicalizó los delirantes cuentos de Macondo. 
***
¿Cuál cree usted que es el gran legado del  escritor? 

Todo escritor busca brindar perspectivas que permitan comprender mejor a nuestro entorno, en términos históricos y/o personales. Creo que Gabo hizo eso y más, planteando imágenes que describen nuestra realidad, incluso dentro de un entorno mágico.

Su primera conversación con García Márquez, según usted, fue “la vaina más monosilábica y corta del mundo”. ¿Podría trasladarse a ese momento y contarnos cómo fue?

Una persona que afirmaba conocerlo me dijo, en 1979, que podía contactarlo y que él había accedido a que habláramos. Recordemos que en 1979 ya había escrito “Siembra”, y “Pedro Navaja” ya había sido difundida internacionalmente. Gabo la había escuchado y yo había leído ya sus crónicas y cuentos.

Así que en las oficinas de un estudio de grabación el tipo llamó a Gabo y me lo puso en el teléfono. Pero no estaba seguro de si él era él, y él tampoco estaba seguro de que yo fuese yo. Así que hablamos muy parcos, porque los dos creíamos que nos podían estar vacilando.

Después de esta inesperada conversación, ¿Cómo se forjó la amistad entre ustedes dos? 

Él visitaba Panamá a menudo y creo que fue allá el primer contacto. Luego de eso, cuando yo iba a México, lo llamaba o iba a su casa. Cuando él venía a New York, o pasaba por acá, me llamaba. Cuando estaba en California nos conectábamos, él iba a mi casa con su esposa Mercedes, comíamos y yo les tocaba mi música. 

Usted le propuso a Gabo hacer un disco, él escribiría las canciones  y usted las musicalizaría; sin embargo, este proyecto no pudo  concretarse. ¿Cuál era la idea y por qué no fue posible concretarlo?

A Gabo le gustaba mucho la música, yo le propuse hacer un disco basado en sus cuentos cortos y que lo escribiésemos ambos. Me dijo que no, que si hacíamos eso entre los dos no íbamos a terminarlo nunca, que mejor lo hiciera yo. Me dio el permiso para utilizar sus títulos de ser necesarios y le expliqué mi intención: interpretar sus cuentos cortos iniciales, pero sin adaptarlos. Presentarle una versión inédita, un ángulo distinto a una historia que él ya conocía por haberla escrito, pero que quizás no entendía del todo.

El álbum se tituló Agua de luna y fue uno de los que menos se vendieron en la historia del disco. Los salseros y los intelectuales lo odiaron, y en general no le gustó a nadie, solo a Gabo y a mí. Un día me llamó y me dijo: "tengo los brazos y la lengua que me duelen". Le pregunté que por qué y me dijo: "por estarte defendiendo tanto". Un salsero me dijo: "ese disco es una mierda". Le respondi: "pero a Gabo le gusta". Y el salsero ripostó: "¿y qué sabe Gabo de música?”. 

¿Cómo transmitir el universo macondiano del autor en las ocho canciones que conforman el disco?

Es simplemente ocupar una posición distinta a la que Gabo asumió en sus cuentos. Si Gabo escribe de frente, entonces yo me voy de lado, o escribo sobre lo que ocurre frente a los ojos de, por ejemplo, Isabel. O también escribo sobre alguien que ve a Isabel, mientras que Gabriel describe un hecho separado que la incluye.

Una vez conversando, comentábamos de nuestras abuelas, de sus influencias sobre nosotros y de las cosas que hablaron y que nos influyeron. Por eso creo que también sentíamos tener mucho en común. Nuestras abuelas eran mujeres colombianas, de esas de los días de la Guerra de los Mil Días. Sus experiencias se desarrollaron entre lo real y lo fantástico.

Como en la literatura de Gabo, la salsa, de fondo, también planteó  una conciencia latinoamericana. ¿Qué rasgos comunes encuentra entre ambas narrativas?

Documentan, tratan de brindar una perspectiva distinta, desde la cual reconocer un terreno común, cultural, político y social. 

Para ambos, el arte siempre fue una cuestión política. ¿Cree que  esta militancia contribuyó a cambiar algo en el pueblo latinoamericano?

En 1969, cuando Gabo estaba escribiendo sus crónicas y cuentos, yo escribí mi primer disco en el cual está “Juan González”. En ese tiempo había más de 10 dictaduras militares en América, y solo Chile y Uruguay tenían gobiernos democráticos. Hoy, para bien o para mal, la izquierda ha sido democráticamente electa en Chile, Uruguay, Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Venezuela y Brasil, algo que nadie hubiese considerado posible, o factible, en 1969.

¿Qué tanto influyó Gabo en sus canciones? ¿Además de nacer en el  Caribe, qué otras cosas en común tiene usted y su obra con el  escritor y la suya?

Creo que las influencias se dan sin necesidad de identificar paternidades. Cada vez que leemos o escuchamos, incorporamos. Gabo y yo tenemos sentido del humor, un respeto a la superstición, una fe en que todo es posible y compartimos la esperanza invencible del que ha sido perdedor.

A dos años de la muerte de García Márquez, ¿Qué recuerdo especial conserva de su amigo?

Una vez le pedí que me hiciera una dedicatoria personal en unos libros míos que le llevé para que firmara y se negó. Me los firmó, pero sin agregarle nada personal. Le reclamé y me respondió crípticamente: "ustedes botan las cosas que uno les da". Me pareció insólito eso, hasta que en 2015, un amigo mutuo me entregó una edición de El coronel no tiene quien le escriba que Gabo me envió en 1980 a New York con un señor que no me la dio porque no me encontró, y se la llevó de vuelta con él a Medellín. En el interior Gabo me escribió: "A Rubén Blades, escritor de canciones. Un abrazo, Gabo". 

Quizás creyó que era a mí al que se le había perdido, no sé. Pero cuando me dieron el libro me reí por un largo rato porque me pareció que era una broma de Gabo desde el más allá.

En una entrevista concedida al periodista Edgar Borges en 1982,  García Márquez dijo: “Nada me hubiera gustado más en este mundo que haber podido escribir la historia hermosa y terrible de Pedro Navaja”. ¿Qué piensa usted de este guiño?

Algo que nunca creí, hasta que me enseñaron el artículo donde él lo dijo. Es un honor que lo haya dicho, aunque francamente creo que hubo una fraternal exageración. Lo cierto es que Gabo siempre afirmó que la música popular también produce literatura, o puede hacerlo. En mi casa de Los Ángeles, con Mercedes a su lado, le interpreté por primera vez mi canción “El tartamudo” que comienza así:

"Por una calle que lleva el nombre de un líder histórico,
que de noche se llena de putas histéricas, de nombres bíblicos,
se apareció un tartamudo desempleado, optimista olímpico,
sin un centavo en su bolsillo pero con una erección magnifica". 

Recuerdo la cara de Gabo, la chispa en sus ojos cuando su imaginación reproducía la letra en su mente, la semi sonrisa de sorpresa satisfecha en su rostro. Esa imagen estará conmigo por siempre. Qué afortunado fui al conocer un genio al que le gustaban mis vainas.



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