Reflexión sobre la actual situación en Panamá

He demorado en expresarme sobre los recientes sucesos en Panamá. Espere inútilmente a ver si  la contradicción que alimenta a las protestas se aclaraba. Veo que no ocurrirá y ahora presento mi opinión, a sabiendas de que provocará el rechazo de los que equivocadamente catalogan lo ocurrido como un despliegue de virtud y despertar cívico.

Aunque comprendo, respaldo y comparto la frustración y molestia expresadas por muchos panameños a consecuencia de la situación de necesidad de respuestas y soluciones en que sobrevive nuestra República,  estoy en desacuerdo con la caracterización de que las protestas evidencian un rechazo nacional al presente paradigma administrativo.

Las manifestaciones y desórdenes públicos en Panamá no constituyen un ejemplo de la ira de un pueblo cansado de ser abusado por sus gobernantes, ni son una expresión de cansancio y crítica cívica ante la corrupción política. No representan una protesta organizada contra el sistema partidista, ni un rechazo al clientelismo político, a la mediocridad. El pueblo no ha exigido lo que en verdad necesitamos: la sustitución del corrupto y desfasado paradigma político que nos destruye moral y económicamente.

La rebelión e indignación popular desatada contra el gobierno actual no procura la desaparición de la estructura que sostiene su inoperabilidad. Las quejas planteadas por la masa para explicar su descontento no incluyen, ni promueven la sustitución del mal administrativo que paraliza nuestro futuro. Los reclamos son de índole económica, demandando subsidios, congelamientos de los precios de alimentos y de medicinas, y reclamando aumentos salariales que ayuden en estos tiempos difíciles. Y a pesar de que la profunda crisis del país requiere de soluciones más complejas, los quejosos no han planteado la necesidad de eliminar y reemplazar al sistema imperante, al clientelismo político y a la inoperante estructura administrativa que lo sostiene. No se ha señalado la causa real del conflicto.

Solo con dinero no se resolverán las peticiones invocadas por los manifestantes pues el problema que enfrentamos  en Panamá es estructural y no coyuntural. Aunque el asunto es complejo, lo que parece plantearse como solución es una misión imposible: ordenar un omelette pero sin romper los huevos. 

La realidad es que vivimos bajo un paradigma administrativo que ha institucionalizado a la corrupción, creado leyes que inmunizan y protegen a funcionarios públicos corruptos, con un sistema legislativo y judicial dañado, actuando en consorcio para amparar y sostener la continuidad del mal que controla al país, un “ status quo” custodiado por la indiferencia y complicidad de un electorado con más de 1.700.000 de votantes inscritos como clientes de la partidocracia y del "status quo", y otro 30% aproximado de "ciudadanos" a los que les importa un carajo siquiera votar, mucho menos convertirse en parte de la solución al problema 

Me parece probable que los politiqueros de siempre, con sus influencias y dineros mal habidos, subsidian y promueven el caos público para mejorar su posibilidad electorera, o para sustraer de la atención pública una recientemente denunciada corrupción.

La posibilidad de considerar un cambio estructural administrativo no está incluida en la solicitud de la masa, y tampoco la adoptó nuestra versión de “la Izquierda”, una mutación que ha producido una nueva y menos virulenta vertiente "ambidextra”, sin una onza de sinceridad real. Imagínense lo jodida que está la vaina en Panamá si ni a los "comunistas" les interesa seriamente llegar al poder.

Nuestros camaradas, como el “ Circo de los Hermanos Suárez”, prefieren presentar su "show" a su conveniencia, hacer regulares viajecitos a cónclaves internacionalistas, solidarizándose con las dictaduras en Cuba, Venezuela y Nicaragua, escribiendo awebazones y repitiendo argumentos que demuestran el daño que le hace al cerebro la rigidez de una desacreditada ideología.. 

Los hechos que lamentamos seguro terminarán como siempre. El gobierno, "para preservar el orden social y atender las justas demandas del país" contraerá nueva deuda y se la dejará al próximo, dándole a los quejosos lo que piden. La gente se irá a sus casas, se abrirán las calles, y volverá “el orden”, ese estado de cosas que también incluye y define al constante desgaste partidista, la perenne pérdida de oportunidades, la continua inseguridad pública, la consistente mediocridad y la eterna trampa del “juega vivo” y del “pásame algo”.

Dolorosamente para este observador, Panamá luce éticamente quebrada. Nuestros rascacielos no logran ocultar la ruina moral que proyectamos, una sociedad que se resiste a creer posible que con su propia voluntad pueda rescatar el derecho a reinventarse y a redimir su futuro , sin apelar a la corrupción.

Si creen que exagero, a la gente honesta de mi patria le pregunto: ¿cómo es posible que la consideración de "roba pero hace" sea la opción electoral número uno en Panamá para las elecciones del 2024?. A la gente honesta le pregunto: ¿por qué las protestas en Panamá no fueron dirigidas a la eliminación del sistema clientelista y al de las corruptas y obsoletas estructuras administrativo-partidistas que lo administran?

¿Alguien cree que bajo la realidad del actual sistema el presidente Cortizo enrumbará al país hacia el Panamá posible?

Como siempre, agradezco tanto su atención como sus comentarios.

Y a los que escriban "Rubén, hijo de puta", por favor, acuérdense de poner la tilde en la é.

Espero que estén bien de salud, los enfermos recuperándose y la confianza firme y despierta.

 

Rubén Blades
18 de Julio, 2022

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