Apuntes desde la Esquina, 31 de diciembre, 2025
A mis lectores, gracias por su apoyo y comentarios. Reciban mis deseos de que disfruten de mucha salud, alegrías y oportunidades en el nuevo año.
ALVARO ALFREDO ARIAS
Se ha mudado "al otro barrio" mi amigo y colega, Álvaro Alfredo Arias, luego de una larga y difícil lucha contra una enfermedad que lo imposibilitó físicamente, pero sin derrotarlo mental ni espiritualmente. Sus amigos le decíamos "Red", por su cabello rojo, que aunque lo hacía lucir físicamente más como noruego que latino, jamás confundió su carácter, su panameñidad y amor por su tierra.
Yo utilicé a Álvaro muchas veces de ejemplo cuando me refería a la variedad de raíces, étnias y fisonomías que conforman a Panamá y cómo ese hecho en nada atenta o disminuye la conexión personal con la tierra que nos vio nacer, y que nos cubrirá después.
Recuerdo la vez que "Red" se me apareció una noche, mientras yo me presentaba con Willie Colón, en un club llamado "Hipocampo", en las entrañas del Bronx. Había venido desde la universidad en que estudiaba, Georgetown, para verme, y se había traído a otros muchachos como él, para que apreciaran la "salsa". No sé cómo llegaron al lugar, pero cuando terminó el baile esa madrugada los acompañé de vuelta en el "subway" para asegurarme de que no les pasara nada; ese Nueva York de los setenta no era nada seguro y décadas después aún nos reíamos de la experiencia.
Con el pasar de los años, ese joven estudiante se convirtió en un abogado exitoso, y su profesionalismo, dedicación y seriedad lo distinguieron siempre. Nunca escuché un mal comentario en su contra. Álvaro fue siempre un ser apacible, comedido, prudente y sociable, de gran corazón y bien centrado. En una sociedad llena de gritos y exageraciones, mi memoria de "Red" es la de su bondad, sus pausas en las conversaciones, y sus miradas, que siempre dijeron más que las palabras.
A su querida esposa Ángela, que posee igual calidad humana y honesta disposición, Luba y yo enviamos un abrazo y el afecto de siempre. Nos queda el consuelo de que Álvaro ahora descansa, que no sufre, y que el legado que deja con su ejemplo sostendrá a toda su familia, a perpetuidad. Esperamos, como él siempre lo deseó, un mejor Panamá, y un mejor mundo. Álvaro nos deja las huellas positivas de su vida.
¡Buen viaje, "Red"! Dios te cuida ahora.
LA DESTRUCCIÓN DEL PARADOR EN PANAMÁ, DEDICADO A CHINA
Empecemos por lo obvio: fue una estupidez garrafal demoler el sitio sin haber antes informado y explicado al público las razones que lo hacían necesario.
La excusa posterior: "problemas estructurales", no convence porque pudieron haber sido corregidos los defectos alegadamente existentes sin tener que recurrir a borrar al lugar del mapa.
Lo que la acción ha producido es una ola de rumores y bochinches, todos infundados:
a) que fueron los gringos
b) que alguien del gobierno quería poner allí un negocio
c) que gente que no quiere a los chinos pagó por eso.
Nada de estas bolas tiene asiento en la prueba y es una lástima que se haya producido una situación tan completamente innecesaria.
Por otro lado, no se trata de pirámides precolombinas; la pérdida no es irreparable, aunque sea irrespetuosa, sospechosa y estúpida. No escandalicemos más el asunto; que se proceda de una vez a construir, en el mismo lugar, un mejor y formal monumento que reconozca la enorme contribución china a la construcción del ferrocarril, del Canal y a la nación panameña.
Los inmigrantes chinos han demostrado a través de sus décadas residiendo en Panamá un dinamismo, inteligencia y esfuerzo excepcionales. Sus contribuciones han sido extensas y consistentes y es justo y necesario que sean reconocidas: emigraron a Panamá, sobrevivieron racismos y exclusiones, se criaron, desarrollaron múltiples tipos de negocios e inversiones, trabajaron sin flaquear y hoy son nuestros paisanos, y a mucho orgullo.
La Embajada China ha manifestado su malestar por el hecho y se comprende. Al fin y al cabo, se trata de un lugar dedicado a su herencia y debe ser respetado por todos, aunque no apoyemos a un gobierno dictatorial que invadió al Tíbet, masacró estudiantes en Tiananmen Square y que no permite elecciones libres, libre prensa, libre opinión y mucho menos críticas al sistema comunista.
Lo que debe detenerse ya, es la alharaca por el asunto. Que se corrija el error (si es que fue eso), y que no se repita. Punto.
Más se perdió en el diluvio, como decía mi abuela.
HONDURAS
El asno anaranjado, cuyas acciones tanta deshonra causan a su patria, acaba de agregar otra soberana cagada a su terrible legado de errores y horrores: Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, había sido extraditado de ese país hacia los Estados Unidos, acusado de tráfico de drogas, juzgado en una corte federal y encontrado culpable del delito de introducir cientos de miles de kilogramos de cocaína a Estados Unidos durante el tiempo en que fue presidente de Honduras. ¿Y qué hace el amoral ocupante de la Casa Blanca?: indultar al traficante, mientras que a la misma vez ordena asesinatos sin juicio en alta mar, ACTOS QUE pretende justificar alegando que lo hace para acabar con narcotraficantes y detener la introducción de drogas a su país.
¿Todavía existe alguna persona que pueda justificar los actos ilegales y defender las crecientes y evidentes contradicciones y falsedades de Donald Trump? Liberó a un narco solo por ser este un influyente político miembro de la Derecha hondureña, que apoya al candidato presidencial, también derechista, en la reciente elección de Honduras y que Trump también favorece.
Luego de semanas sin conocerse el resultado oficial, ahora se anuncia el triunfo electoral del candidato derechista, declarado ganador por el mínimo y más sospechoso de los porcentajes.
Trump denuncia a un farsante en Venezuela por robarse una elección y a la vez apoya el aparente hurto de otra en Honduras.
Con su acto de liberar a un convicto narcotraficante Trump se burla de la D.E.A., de los jueces, de las Cortes, del sistema legal norteamericano, de su pueblo y de los hondureños.
¿Como es posible que seres racionales apoyen a semejante individuo y a sus actos?
2026
Cada vez más frecuentemente de lo que deseo, desde esta columna despido a amigos que se han dirigido a lo que mi abuela Emma denominaba "el plano astral"
Actualmente, la expectativa de vida para el sexo masculino en los Estados Unidos es de 78.4 años. En Panamá, la edad promedia entre 79.8 y 80; y ese estimado, extrañamente superior al de un país del primer mundo, tiene que ser atribuido precisamente a las presiones, costumbres y situaciones del diario acontecer, que impactan a los que en ese nivel existen.
En el “Sub-D” (sub-desarrollo) muchos fallecen por falta de acceso a necesidades básicas, mientras que en países considerados como desarrollados por ser económicamente superiores, muchos mueren precisamente por abusar de su abundancia.
Hoy cuento, para mi gran sorpresa, con 77 años y cinco meses de edad cumplidos. Los que estamos entrando al último “furlong” de la carrera, sabemos que no hay necesidad ya de usar el “fuete” y que lo correcto es empezar a dar palmaditas al cuello del caballo que hemos montado y así demostrar nuestro agradecimiento.
Cuando yo tenía doce años (1960) y leía las fantásticas novelas de Julio Verne, y de su menos conocido colega y compatriota, Michel de Zévaco, jamás imaginé que aún podría hacerlo en el 2025.
Según las tramas de películas, para esa época estaríamos viajando por toda la galaxia, viviendo incluso en ciudades bajo el mar. No habría guerras (Ucrania, Gaza, Sudán...), ni pestilencias (covid, malaria, dengue...) y habríamos evolucionado hasta convertirnos en seres pacíficos, honestos y solidarios (Trump, Putin, Martinelli...).
Nada de esto ha ocurrido, al menos no de forma general y permanente, aunque sí han habido sorpresas y momentos súper especiales, desde la elección de un presidente de origen afroamericano en Estados Unidos, a pesar del racismo allí existente, hasta la venta de bolsas del Riba-Smith con tres hojaldres listos para ser calentados, una invención que, junto al "Air Fryer", le ha dado un sentido más agradable a mi existencia: de simples satisfacciones se componen los días para los que somos considerados ancianos por nuestra edad.
El 2026 que se aproxima está lleno de posibilidades y oportunidades, incluso para los que han sido condenados por robarle al Estado, y/o aprovechar su cargo público para satisfacer su interés y egoísmo. Indultos vienen, prescripciones judiciales esperan y, la justicia en Panamá, que no es ciega pero sí muda, no ve en el nuevo año que se avecina cambios que la obliguen a expresarse con sonoridad.
Como cantó Julio Iglesias en 1969, "La vida sigue igual", y nuestra parálisis cívica probablemente continuará operando, como la mina.
En el 2025 se estrenó un documental titulado "The age of Disclosure", donde miembros de instituciones militares de Estados Unidos aseguran que naves e inteligencias extraterrestres visitan la tierra y que todos debemos prepararnos para aceptar el hecho.
Por favor, que alguien le avise al gobierno y al Ministro Acha y a nuestra Asamblea Nacional, por si los alienígenas preguntan cómo tanta gente en la política panameña no puede justificar la plata que tiene y aun así la posee, la expande y la expone, diariamente.
Mientras llegan nuestros parientes celestiales, continúo preparando mi transición hacia Panamá donde espero estar de vuelta de forma cuasi permanente a más tardar en dos años. La mejor inversión de mi vida han sido mis amigos, tengo muchos allá y quiero compartir con ellos antes que nos mudemos todos "al otro barrio". Anhelo recrear rutinas pasadas, que incluyan "jugaderas" de dominó, "conversaderas" interminables y paseos con un futuro "guau-guau", heredero de mi querida y siempre recordada, "Milagro".
Por Panamá aún albergo la mayor de las esperanzas y por eso apoyaré a Juan Diego, Gabriel Silva y a “VAMOS” en su proyecto político hacia el 2029.
Mi esposa, Luba Mason, tiene la intención de crear una academia de teatro y de baile para ayudar a las muy mejoradas perspectivas del sector en Panamá. Estoy trabajando con Roberto Delgado y la Orquesta, y con Enrique Becerra y el "Paraíso Road Gang" en nuestros próximos álbumes musicales, entre ellos un septeto cuyo material dará mucho de qué hablar, al igual que su título. En el 2026 debe ser exhibido el film que hice en el 2024 en México, dirigido por Jonás Cuarón y producido por su padre, Alfonso. En febrero habré empezado otro film, del que aún no puedo comentar y también sabremos el resultado de nuestra nominación al Grammy norteamericano.
Como no me veo haciendo giras musicales de "salsa" a los 80 años, es posible que en el 2026 vayamos con la orquesta a Europa, dependiendo del estado de nuestra salud general, por supuesto. El libro que escribí y que está previsto a ser presentado, después de cinco años de "trepa que sube" y tengo tantos proyectos pendientes que no sé si podré organizarme para cumplirlos, aunque trataré de hacerlo; total, la gran definición del fracaso es "no tratar".
Por eso, ya sea el 2026, el 2029 o el 2035, lo importante es no ser indiferente y continuar intentando contribuir a crear una mejor y más justa sociedad, a conservar y proteger al medio ambiente y a la naturaleza. Como el caballo que corre una última carrera antes de su retiro, llegar a la meta no me asusta y por el contrario, me recuerda lo necesario que es agradecer a todos los que hicieron posible para mí las innumerables alegrías y experiencias recibidas en estas casi ocho décadas de existencia.
Se acaba 2025 y "las hojas blancas siguen cayendo", como lo canta El Gran Combo de Puerto Rico.
Gracias a todos por leernos, por su apoyo y sus comentarios.
¡Felicidades a todos, mucha salud y oportunidades en el 2026 y, donde quiera que estén, sigan creyendo que se puede!
Rubén Blades
31 de diciembre, 2025
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